Libros gratis de poemas

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Romance del Conde Niño
(anónimo)
Caminaba el Conde Olinos
la mañana de San Juan,
por dar agua a su caballo
en las orillas del mar.
Mientras su caballo bebe
él se ponía a cantar:
-Bebe, bebe, mi caballo,
Dios te me libre de mal,
Dios te libre en todo tiempo
de las furias de ese mar.
Las aves que iban volando
se paraban a escuchar
porque les gustaba mucho
aquel tan dulce cantar.
La reina que lo escuchaba
a su hija fue a buscar:
-Oye, hija, cómo canta
la sirena de la mar.
-No es la sirenita, madre,
la que dice ese cantar.
Es la voz del Conde Olinos
que por mí penando va.
-Pues si es el Conde Olinos
yo lo mandaré a matar.
¡Vengan pronto, mis soldados,
al Conde Olinos matad!
Él murió a la madrugada,
ella, a los gallos cantar.
A los dos los enterraron
en medio de un platanal.
Dos arbolitos crecieron
en aquel mismo lugar;
ni en la vida, ni en la muerte
los pudieron apartar.

 

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Rima XV - Cendal flotante
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz:
eso eres tú.

Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
¡como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
¡eso soy yo!

Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente
¡tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

 

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En cuanto puedas
(Constantino Cavafis)
Y si no consigues hacer tu vida como quieres
intenta por lo menos esto
en cuanto puedas: no vayas a ensuciarla
al frecuente contacto de la gente,
con charlas y negocios por doquiera.
No vayas a ensuciarla con llevarla,
con volverla a menudo y exponerla
a la vulgar locura cotidiana
de tanta relación y compañía
para que se convierta en una extraña intrusa.

 

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Rubén Darío
Peregrino que vas buscando en vano
un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.

 

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Alfa y omega
(Manuel Machado)
Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido,
y apenas iniciado ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes, y, ansiosos, a mañana,
y así el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramos
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto... Y que nos vamos.

 

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